Mis ilustraciones favoritas.

Falcó, Duque de Alanzell en Mallorca, es el romántico héroe protagonista.
La ilustración de Falcó es una de mis favoritas. Hice muchas pruebas y existen multitud de bocetos con el que tenía que ser el rostro del joven protagonista de Demonios de Formentera, quería inspirarme en alguien muy especial porque el personaje lo merecía. Finalmente, un día me topé en una cafetería de Palma con el rostro perfecto, y lo retraté. Es irónico que el modelo de mi personaje principal acabara siendo un completo desconocido al que probablemente no volveré a ver jamás.

Aquí podéis acceder a alguno de mis fragmentos favoritos sobre Falcó de Alanzell, en catalán y en castellano. Y ésta es su descripción en la Biblia de Personajes para el proyecto de serie de tv.:
FALCÓ (protagonista)
Tiene 20 años. Inteligente, sensible, de carácter alegre y bromista, valiente e idealista. Es alto y delgado, de cabellos castaños ensortijados, sus ojos son tiernos, bellos y amables como los de un ciervo, tiene una preciosa sonrisa y buena voz. Le gusta cantar y tocar varios instrumentos, aunque su preferido es el laúd de 10 órdenes. El Taumaturgo, después de causar las muertes de sus padres cuando Falcó apenas tenía 3 años, se apiadó del niño y lo adoptó como propio. Gracias a su educación por el Taumaturgo, es culto y diestro con todo tipo de armas y conoce muchos secretos relativos a la Zona Prodigiosa y los Ocultos. Aunque siempre desconfían de él por su relación con el Taumaturgo, la gente le toma simpatía con facilidad, pero su carisma no impedirá que tenga que afrontar y superar grandes dificultades que le causarán un enorme e injusto sufrimiento, más lamentable por ser tan alegre y joven. Él será la clave en la lucha entre Formentera y Parellada, aunque su único deseo es conseguir el amor de Jasíone y estar con ella. Falcó es tan sólo un joven de buen corazón desesperadamente enamorado, pero las aventuras en la Zona Prodigiosa le prepararán para convertirse en un hombre extraordinario, capaz de asumir su elevado y misterioso destino.

A continuación, otra de mis ilustraciones favoritas, que aparece por primera vez en la 8ª edición del libro, es ésta, que ilustra el fragmento que citaré a continuación. Tenía varios bocetos sobre este momento, que siempre me pareció bastante importante para entender la evolución del personaje, y me decidí por fin a realizar la ilustración y a insertarla en el libro porque los propios lectores me animaron a hacerlo. Me encanta jugar con la ambigüedad, porque creo que la vida está llena de matices y no creo en el blanco y negro. A muchos lectores, especialmente masculinos, les ha chocado esa escena, y no les cuadra que un hombre profundamente enamorado de una mujer bellísima pueda protagonizar un beso como éste. Yo creo fundamentalmente en el sexo tierno, pero pienso que el sexo también tiene mucho que ver con la violencia, especialmente cuando es sexo espontáneo, arrebatador, fruto de un momento intensamente vital.
"Hombre besando a otro hombre". El polémico beso entre dos guerreros.


Fragmento:
Cuando así lo hubo derrotado, Falcó se echó encima, y sentado sobre el estómago del demonio lo cogió por las muñecas y lo obligó a mirarlo a la cara mientras le decía:

—¡Acepta tu derrota y cumple tu palabra, Garric Bordiol!

Y, espoleado por la rabia, Garric sacó fuerzas y tensó su espalda y dio tal sacudida que consiguió cambiar la situación, y Falcó fue quien quedó debajo de su cuerpo, y él quien lo sujetaba por las muñecas, y teniéndolo así a su merced Garric Bordiol se inclinó sobre su rostro. Falcó, de alguna manera sorprendido por la proximidad del rostro de Garric y cautivo por la intensidad de su mirada, dejó de resistirse, y entonces Garric Bordiol se acercó más todavía, y lo besó en los labios, y no fue un beso rápido, ni feroz, ni mucho menos casual, sino profundo, sensual y lánguido, y se prolongó mucho más de lo que cabía esperar.


No es la única ocasió en que otro hombre besa a Falcó. De hecho, en mi novela "Bellver" se da la siguiente escena, calificada por muchos de mis lectores como de las más emocionantes del libro:

Junto a la cordillera de Sa Tramuntana, de madrugada, dos hombres jóvenes aguardaban el alba en silencio: uno para matar, el otro para morir. Ambos contemplaban el paisaje ante ellos.

El día antes había empeorado el tiempo, y se juntaron nubes que procedían del oeste y del sur, hasta que todo el cielo era un revoltijo de nubes enormes, plomizas y cargadas de agua, separadas entre sí por líneas blancas de aspecto oleoso. Nada más ser pronunciada la terrible sentencia de muerte, empezó a caer la lluvia a grandes gotas, como si el mismo cielo llorara.

—¡Anteponer la vida de la Reina a la ruina de Balearia es alta traición! —había gritado Raimon Llull—. ¡Ni vuestro título de Rey os salvará de la pena de muerte!

Falcó se estremeció al recordar que el Rey había alzado la mirada: sus ojos parecían terribles, y tan fríos como el hielo. Se arrebujó en su manto y se preguntó una vez más: "¿Por qué yo, entre todos, he sido el elegido para llevar a cabo la ejecución?"

Y el Rey, adivinando su pensamiento, dijo:

—No quiero que ningún otro me ponga las manos encima.

El condenado se quitó el manto, las armas, la armadura, la cota de malla y la camisa. Aun así, su estado de ánimo le impedía sentir el mordisco del frío. Cuando besó su espada, ésta emitió un gemido prolongado.

—¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? —dijo el Duque— Me perdonaste la vida, pero yo te juré que un día te mataría.

—Falcó —dijo el Rey, tendiendo su mano hacia él—. Oh, Falcó... —repitió, rompiéndose su voz como se rompe una cuerda que soporta demasiado peso.

Y entonces Falcó leyó en sus ojos opalinos tan claro como en un libro abierto: y vio su alma valerosa, que tropezaba con el gran abatimiento que como Rey intentaba por todos los medios eludir, y no fue capaz de consentir que su amigo flaqueara, pues conocía y amaba su corazón orgulloso. Y Falcó, con lágrimas en los ojos, le imploró:

—¿No podría ser un combate? Me lo debes.

El Rey rodeó la nuca de Falcó con las manos, y juntó sus frentes y, tan fugazmente que Falcó se preguntó durante el resto de su vida si no lo había imaginado, lo besó en los labios.

—No digas nada, Falcó —el Rey barrió con los pulgares las lágrimas de su amigo, y le regaló su última sonrisa—. No llores.

El Rey, magnífico con los cabellos al viento, echó a correr por la llanura nevada. Falcó, sin perder de vista su figura, mientras le daba tiempo para calmarse al repentino cataclismo que se había adueñado de su corazón, cargó las cosas del Rey sobre el caballo, montó en su yegua negra, y empezó a seguirlo.

Muchas horas de persecución después, bajo un crepúsculo sangriento, el Rey yacía exhausto junto a la orilla de un lago congelado.

Falcó llegó a caballo, desmontó, tomó un hacha que llevaba preparada, y avanzó con la mirada vacía. Pasó sobre el cuerpo del Rey, cuya respiración era muy agitada, y abrió a hachazos un agujero en el hielo.

Sin cambiar de expresión, Falcó agarró al Rey por un brazo, y le colgó del cuello un radiante rubí engastado en una cadena de oro; el corazón del verdugo se aceleró al ver la piedra roja junto a la anfisbena de oro que siempre brillaba sobre el pecho del Rey.

Falcó apretó los labios, arrastró al Rey hasta el agujero, y lo hundió en el agua helada. Así había sido dispuesto: pues la sangre de un rey no podía ser derramada.

El Rey sólo se resistió al final, sacando sus manos y agarrando el firme brazo de Falcó.

Los ojos de Falcó se anegaron mientras seguía manteniendo sumergido al Rey. Las manos de éste perdieron fuerza y se hundieron.

Las últimas burbujas se extinguieron; Falcó lanzó un grito salvaje, y el mundo se detuvo, con todos sus ruidos y tumultos, y cuando Falcó se quedó sin aliento todo a su alrededor era silencio. Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras mantenía sumergida la cabeza del Rey. Ya no salían burbujas de aire.

El Rey había muerto.

Falcó lo sacó del agua y lo abrazó, sintiendo que moriría allá mismo de puro dolor y congoja. Gemía y lloraba amargamente mientras intentaba apartar los cabellos del rostro amado. El Rey tenía los ojos medio abiertos, y ya no eran de aquel portentoso color índigo opalino, sino de un matiz apagado, y ya no tenía los colores del melocotón, sino la cara pálida, y los labios azulados.

Nunca pensó Falcó que ver aquel rostro hermosísimo, ahora sin vida, pudiera ser tan terrible. Falcó le apretó la mano, como esperando una respuesta de aquellos dedos que tantas veces había soñado. La mano del Rey era como la tierra húmeda. Su frío recorrió el cuerpo de Falcó y le hirió el corazón. Dijo para sí: «Está muerto».

Con esto, el horror cayó sobre el alma de Falcó como una locura.



La siguiente ilustración no es precisamente la mejor del libro, pero es una de las más demandadas por los lectores más jóvenes. Yo creo que no es por la ilustración en sí, sino por el personaje, Adonis Adiant, uno de los demonios más carismáticos y con más personalidad del libro. Un personaje que a menudo es insufrible, indudablemente presumido, insoportablemente engreído, ¡pero a los lectores les cae bien! En la Biblia de Personajes se le describe del siguiente modo:


ADONIS ADIANT (personaje principal)
Es el Señor de Alaior, aparenta unos 25 años, pelo largo rubio oscuro, es tan refinado que a veces parece incluso afeminado, pero a la hora del combate es una fiera, el mejor guerrero entre los demonios, y el más presumido, orgulloso y sibarita. Carismático y muy querido entre los suyos, también es el demonio que más odios despierta entre sus enemigos, por su carácter desdeñoso y libertino, por su cinismo, y sobretodo por su costumbre de bromear y en ocasiones de humillar públicamente a la gente, a veces de forma bastante cruel. Es tremendamente racista contra los humanos. Además, está enamorado de su prima Jasíone, por lo que no soporta a Falcó. Hace gala de un humor muy ácido y desdeñoso, capaz de lanzar los insultos más ingeniosos y destructivos, y las pocas ocasiones en que pierde los estribos se convierte en una criatura horrenda.



Ya se habían sentado, aquí y allá en sillas y bancos, Xenixell y su hermano Abatzer, Fleix, Xipell, y una docena más. Adonis Adiant también estaba allí, de pie pero perezosamente apoyado en una columna, con una copa en la mano. Llevaba los cabellos recogidos a la espalda con una cinta de seda azul, y todos los colores verdes y florales se reflejaban en su camisa blanca, que llevaba medio abierta sobre el pecho.
Falcó, caballeroso, le arrimó a Jasíone una silla para que se sentara, pero cuando quiso sentarse junto a ella Adonis Adiant lo interpeló:
—Me han contado, señor duque de Alanzell, vuestro gran papel en el combate de Es Graus. Dicen que sois un gran guerrero.
—Señor mío, tuve el mejor maestro que guerrero alguno podía soñar: ni más ni menos que el Taumaturgo, el hombre que venció a Berenguer, rey de Balearia. Todo lo que sé me ha costado muchas lágrimas y padecimientos, pero sé que todavía me queda mucho por aprender.
—¡No lo decís en serio! Estáis convencido, señor, de ser tan buen guerrero, que os presentasteis al Combate del Demonio pensando que podíais vencer.
—Y de hecho, así fue —interrumpió Garric Bordiol.
—¿Estáis seguro, duque de Alanzell, de que obtuvisteis la victoria porque erais el mejor?
Los rostros de Garric Bordiol y Jasíone mostraban disgusto con aquella situación, pero Falcó, sorprendentemente, se echó a reír.
—Señor, ya he conocido al mejor guerrero, y no soy yo, ni sois vos. Oh, sí, señor mío, podéis poner la cara que queráis —continuó riendo Falcó, de muy buen humor ante la expresión de incredulidad de Adonis Adiant—. No tengo ninguna duda: escuchad estas palabras y fijadlas bien en vuestra memoria, pues el mejor guerrero del mundo conocido es una mujer, y es mi señora Jasíone. Pues ella es capaz de desarmar al contrario con una sola mirada de sus ojos.
La galante ocurrencia de Falcó hizo reír a todos, menos a Adonis Adiant.
—Aun así —dijo Adonis—, hoy, aquí, antes de que vos llegarais, ha habido quien se ha atrevido a comparar vuestra destreza con las armas con la mía propia. Y pienso que debéis entender que no esté dispuesto a consentir que me comparen con vos. Por lo tanto, y si no tenéis nada en contra, os quiero proponer que nos midamos, ahora y aquí mismo, si os place.
Jasíone quiso levantarse, pero Falcó la mantuvo sentada con un gentil gesto.
—No es cosa que me plazca, ahora mismo, pero entiendo que vos la necesitéis. Y aun así ya estoy de pie, y el desayuno ha sido magnífico. ¿Qué mejor manera de daros las gracias que accediendo a vuestro deseo? Además, no es mal lugar éste, pues el césped evitará que nos hagamos demasiado daño.
—No quiero probarme con vos en un combate sin armas, Falcó. Que os traigan vuestras armas, señor. Y defendeos lo mejor que sepáis, pues sólo una buena defensa os puede evitar que os haga daño.
Garric Bordiol se puso de pie y se enfrentó a su primo.
—Eres caprichoso, demonio. Tienes el cuerno clavado en esto y no hay forma de que lo dejes estar. ¿Crees que, aunque tú seas mi querido primo, puedo permitir que por tu capricho causes algún mal a Falcó, que es mi amigo?
—No puedo evitar que escojas bien o mal a tus amigos, primo. Como has dicho antes, tengo el cuerno clavado en esto, y me conoces bastante bien para saber que no puedo tener sosiego hasta que tenga lo que busco: un buen combate.
Ya llegaba el sirviente con las armas de Falcó, y otro con la espada y el escudo del señor de Alaior. Las sonrisas habían quedado heladas en los rostros, menos el de Fleix, que parecía satisfecho. Falcó, muy serio, estaba algo pálido y en sus ojos dorados aleteaba una mirada ausente y dura. Adonis tenía los rasgos como esculpidos en roca, y algo oscuro flotaba sobre su frente hermosísima.
—Tomad una espada de verdad y un escudo, duque de Alanzell —dijo Adonis Adiant—. Os prometo que os hará buen servicio.
—Permitidme ser fiel a mi estilo, señor de Alaior —contestó Falcó—. Hasta el día de hoy, nunca he usado mis faussars por diversión.
—Os aseguro que no es mi intención que os divirtáis, sino que los utilicéis para defender vuestra vida. Manos a la obra, pues: a ver si sois tan bueno como dicen.
Y Adonis fue el primero en lanzar un tajo, obligando a Falcó a esquivarlo echando la cabeza atrás, y aun así el encaje que adornaba el cuello de la camisa de Falcó fue cortado por la afilada espada del demonio, y el jirón cayó lentamente sobre el césped que tapizaba el suelo.
El silencio era profundo mientras Adonis Adiant daba un paso atrás y abría los brazos en cruz, uno armado con la espada, el otro sosteniendo el escudo, invitando a su contrincante a atacar. Pero Falcó estaba plantado, con un faussar en cada mano, los brazos caídos a cada lado.
—¡Atacad!
—No. Atacad vos si queréis.
Adonis Adiant se echó encima Falcó y le propinó media docena de poderosos golpes de espada, con fuerza y desde arriba, y Falcó se limitaba a contener o desviar los tajos.
—¡Luchad! ¡Luchad o moriréis aquí mismo!
—Estoy aquí de forma voluntaria, señor, por amor a Jasíone y por simpatía hacia vuestra causa. Estoy aquí porque ayudé a vuestros primos, que iban a ser asesinados. ¿Qué derecho tenéis a despreciarme a mí y a mi vida?
—¡No habléis! —gritó Adonis, mientras seguía atacando a Falcó con ferocidad—. ¡Luchad conmigo!
—¿Sí? —contestó Falcó, amparándose de los golpes de Adonis—. Mirad vuestro escudo: ¿cuántas de estas piedras preciosas relucientes creéis que dejaría en él si llegáramos a las manos de verdad, vos y yo?
—Te lo diré —respondió el señor Adonis Adiant—. Nunca he ido a la guerra sin volver con cien joyas por cada una que me arrancan del escudo en combate, para volver a adornarlo con los despojos de mis enemigos.
—Pues conmigo perdéis el tiempo, Adonis —sorprendiendo a todos los que miraban el combate, Falcó sonrió—. Ni yo soy enemigo vuestro, ni mis despojos podrían adornar vuestro escudo, pues he venido aquí con una mano delante y otra mano detrás: los atuendos que traigo son gentiles préstamos de vuestros primos.
—¿Ah, sí? Pero la joya más valiosa con que os adornáis, Falcó, me pertenece a mí antes que a vos.
Aquí Falcó borró toda sonrisa de su rostro.
—No considero que la joya que mencionáis sea de mi propiedad, Adonis Adiant. Pero me niego a consentir que digáis que es vuestra.
Y diciendo aquellas palabras, Falcó hurtó una vez más el filo de la espada del señor de Alaior, y se separó de él. Adonis, contemplándolo de arriba abajo, dijo:
—Por mi orgullo, Falcó de Alanzell, si eres la mitad de hombre que dicen que eres, acepta mi reto de un combate singular, aquí y ahora. Y, si me lo niegas, quedarás por cobarde claro y patente.
Entonces, cansado de recibir por parte del señor Adonis Adiant, tanto con la espada como con las palabras, Falcó se defendió, y tras parar un golpe con sus sables en cruz él mismo empezó a asestar tajos con los dos faussars, y por varias veces éstos rebotaron en el escudo del señor de Alaior, y cada vez alguna de las joyas allí incrustadas saltaba en alto como una lluvia de destellos de colores, y entre golpe y golpe Falcó, enfadado, decía estas palabras:
—He compartido mi lecho toda mi vida con el riesgo, y el peligro de muerte ha sido mi amigo íntimo. ¿Quien creéis ser vos para juzgar cuán hombre soy?
Y Adonis se resguardó con el escudo aquella lluvia de golpes, retrocediendo a merced del furioso empuje de Falcó, hasta que plantó una de las rodillas en el suelo y aprovechó el impulso de Falcó para tirarlo al suelo.
Falcó aterrizó en medio de un grupo de acónitos, y se levantó raudo, a tiempo para detener un golpe que lo hubiera podido partir por la mitad.
La fuerza con que Adonis Adiant lo golpeó le dejó entumecidos el brazo derecho y el hombro, y los dedos no pudieron retener el arma, que cayó sobre la hierba; Adonis aprovechó la ventaja momentánea que tenía sobre su rival, y se abalanzó una vez más sobre él, y con el mismo movimiento hirió a Falcó en un costado, a la altura de la cintura, bajo el tórax, y la sangre saltó, manchando no sólo la camisa de Falcó, sino también la de Adonis.
Aun cuando el demonio lo acababa de herir Falcó no tuvo ningún respiro, sino que rodó por el suelo para esquivar otro espadazo del señor de Alaior, un gran tajo en redondo para cortarle el cuello si hubiera llegado a su destino.
—¿Todavía me dirás que no tienes miedo a morir? —rió Adonis Adiant.
—Quien tiene miedo es un esclavo, por rico y por poderoso que sea —exclamó Falcó—. ¡Pero quien no tiene miedo de nada es el rey del mundo!
Adonis se desprendió de su escudo y atosigó a su rival con golpes de espada seguidos y lanzados desde todos los puntos en rápida sucesión. Finalmente hirió de punta, y el faussar que todavía empuñaba Falcó y la espada de Adonis Adiant cantaron al frotarse uno con la otra a lo largo de toda la hoja, y Adonis acabó el golpe moviendo su arma en espiral, con lo que envolvió el faussar y el peso superior de su arma le dio la victoria, enviando el faussar por el aire.
Jasíone, con la cara blanca como una azucena, se levantó y quiso abalanzarse sobre su primo, pero Garric se lo impidió. Adonis le puso la espada a Falcó sobre la garganta, donde todavía estaba tierna la herida que Tárrec le había hecho.
—¿Todavía me dirás que no tienes miedo a morir? —le repitió la pregunta, esta vez sin rastro de humor en su tono.
Y Falcó le contestó:
—Tienes tu espada, y mi vida está en tus manos. Pero no tengo miedo. Hiere si es ésta tu voluntad. Es la esclavitud y la pérdida las que me horrorizan, y no la muerte: pues si muero ahora, me habré ido de este mundo siendo el más rico de los hombres.
Adonis apretó los labios, y por un instante pareció que iba a empujar la espada para acallar a Falcó, pero en cambio la alzó mientras le hacía dar vueltas dentro de su puño, como si todo fuera nada más que un juego, y dijo con tono burlón:
—Bah. Tienes el ademán y las palabras de un gran señor, pero no eres más que un zangolotino arrancapinos. Espero que todos aquellos que se han atrevido a compararte conmigo sepan ahora cuánto mayor es mi poder que el tuyo. Y si sabes lo que te conviene, te apartarás de mi camino.
Y, mientras desaparecía entre los naranjos, de camino hacia su palacio, le dijo a su hermana:
—Que le curen la herida. Y pídele disculpas de parte mía a nuestra querida Jasíone, por haberle estropeado su juguete.


Sin embargo, la que sigue es una ilustración con mucha magia para mí. Ilustra la escena en que Falcó y Jasíone hacen el amor por primera vez, un momento arrebatador y largamente esperado por el joven protagonista, que se enamoró de Jasíone prácticamente nada más verla.

Falcó y Jasíone han hecho el amor por primera vez. Varias lectoras me han dicho que este dibujo parece el anuncio de un perfume o una colonia.
Y mientras estaba en la cocina vio que los criados iban y venían con baldes de agua bien caliente, y preguntó si Cárritx se había despertado perezoso para acicalarse en la gran y equipada sala de baños. Y le respondieron que era Falcó de Alanzell quien se había levantado y había solicitado tomar un baño, y como estaba convaleciente le estaban llenando la bañera de bronce de su habitación. Y Jasíone hizo que le llevasen el mejor jabón, y sales minerales y perlas de aceites esenciales, y al cabo de un tiempo bien calculado ella misma le trajo dos toallas de gamuza bien esponjosas y perfumadas, y entró en la alcoba sin pedir permiso, y como ella quería encontró en la bañera al joven, quien al verla dio tal brinco que una buena cantidad de agua se derramó sobre el suelo de mármol.
Jasíone contempló maravillada los miembros poderosos del joven Falcó, de aspecto tan delgado pero tan fuerte a la vez, como si estuviera hecho todo de hierro.
Era una gran maravilla ver cómo pese a ser humano y su juventud, que implicaba que todavía no estaba acabado de formar, cuando Falcó se había desnudado de todo su atuendo y de las lujosas prendas de vestir con que le gustaba cubrirse, parecía que no se hubiera desprendido en absoluto de su elegancia ni de su resplandor.
—¿En qué estabais pensando, mi señor? —le dijo Jasíone, fingiendo seriedad—. ¡Ni más ni menos que bañaros solo, en vuestro estado! —y cuando él luchaba por pronunciar algo ella le puso un dedo sobre los labios— ¡No os atreváis a discutirme!
Jasíone, que iba vestida con una preciosa túnica blanca y una sobrevesta rosada bordada con pedrería y con largas mangas, se despojó de ésta y de los anillos, las pulseras y los brazaletes, y así con los brazos desnudos acercó un escabel a la bañera y se arrodilló, y tomó la esponja marina y con ella empezó a frotar suavemente el cuello y los hombros del joven, con lentos movimientos circulares. Falcó, que al principio estaba algo agarrotado, bajo el suave masaje de la esponja y a merced de los aromas de los aceites esenciales, se fue relajando, y se dispuso a disfrutar de aquel regalo que la diablesa le ofrecía. Y Jasíone fue bajando por la espalda, y después le frotó los brazos, y entonces lo tomó por un tobillo y, con una sonrisa traviesa, se lo hizo apoyar sobre el borde de la bañera, y empezó a trazar círculos con la esponja a lo largo de la pierna, por la pantorrilla, tras la rodilla, y cuando bajó por el muslo Falcó se volvió a poner rígido, con la respiración agitada por el deseo amoroso, y al mirarle el rostro Jasíone vio que había enrojecido hasta la raíz de los cabellos.
—¿Puedo saber qué os pasa, señor? —dijo ella, juguetona, con la voz algo ronca.
Y aquí Falcó la agarró por la muñeca, y quedaron unos instantes mirándose fijamente a los ojos, y de pronto Falcó la envolvió con los brazos y la atrajo hacia él y la besó, pero casi al instante hubo de soltarla, haciendo un gesto de dolor.
Jasíone, que se había puesto roja como las amapolas en verano, de pronto se sintió culpable, y se puso en pie. Falcó también se levantó, pero las rodillas le fallaron y si Jasíone no lo hubiera sostenido hubiera ido a parar al suelo.
—¡Espera! —dijo Jasíone, risueña—. Despacio, ven conmigo.
Con la ayuda de la diablesa, Falcó salió del baño, y Jasíone, fingiendo no darse cuenta de la patente excitación del joven, lo ayudó a secarse y a vestirse, entre las risas de los dos. Cuando Falcó intentó con las manos torpes abotonarse la camisa, Jasíone lo apartó suavemente para hacerlo ella, diciendo:
—Demasiados botones para unas manos tan inseguras.
Y entonces Falcó le tomó la cara y la miró fijamente a los ojos, y talmente saltaban chispas entre los dos, como cuando se golpea una lasca de sílex contra un filo de metal. Falcó la hizo sentarse sobre sus rodillas y empezó a besarla suavemente, con besos blandos y breves, y le besaba las mejillas, la frente, los ojos, los labios, el cuello... Y mientras tanto, sus manos grandes y cálidas recorrían el cuerpo de ella por todas partes, y Jasíone sentía aquellas manos sobre ella como carbones encendidos, y los labios de él también quemaban.
—Oh Falcó... —suspiró ella—. Tenéis fiebre...
—Oh, sí —dijo él con voz turbia—, pero no de la clase que vos pensáis.
—Parad, loco —dijo ella como ahogada—, no empecéis nada que no podáis acabar. Además, mis hermanos seguramente nos esperan para el desayuno.
—A mí me apetece otro tipo de desayuno, Jasíone.
—No, no —decía ella, pero había metido las manos por debajo de la camisa y sus dedos recorrían el cuerpo ardiente de Falcó—. Parad...
—Tú has empezado esto, pérfida —dijo Falcó—, ahora no puedo detenerme.

El libro más leído sobre las Islas Baleares. Críticas de Demonios de Formentera.

(Comunicado oficial de la editorial MF Editors)

Nos place comunicaros que Demonios de Formentera, el libro cuyas ventas es el principal soporte para la 4ª Edición del Festival MALLORCA FANTÀSTICA, podría convertirse en el libro sobre las Islas Baleares más leído del 2011. A sólo 3 meses de su publicación, y sin haber realizado todavía presentación alguna, la descarga gratuita del libro -nuevo link en



http://xurl.es/demonio


ha superado ampliamente las 15.000 descargas, y del libro físico (de venta en El Corte Inglés o solicitándolo a la editorial –gastos de envío gratuitos), pronto verán la luz la 6ª edición en castellano y la 3ª en catalán. También se han recibido más de 500 solicitudes al e.mail


mallorcafantastica@ono.com


para recibir la versión gratuita en catalán, también disponible en http://xurl.es/dimoni , y la página oficial en Facebook ha superado los 1000 fans en

http://www.facebook.com/demonios.formentera


Se reciben a diario felicitaciones, algunas del ámbito universitario o docente:

"En estos tiempos en que todo está inventado, podemos decir de Demonios de Formentera que en términos literarios podría haber acabado siendo el Monstruo de Frankenstein, pero en cambio es la criatura perfecta que había soñado crear Frankenstein: una historia principal original, ambientada en las Islas Baleares, vestida y presentada con un fastuoso traje que combina los estilos de los mejores modistos de diferentes épocas, hilvanado con elegancia y sutileza, de tal modo que, como promete la contraportada, se combinan a la perfección la grandeza de Homero, el dolor de Duchasse, el onirismo de Lord Dunsany, la extravagancia de Eddison, la violencia de A. Machen, la lírica de Tolkien, el humor de T.H.White y el desparpajo de los cuentos populares..."



“Mi nombre es Cristina, y me gustaría felicitar a la autora de Demonios de Formentera por su libro y a la editorial por la iniciativa de poner una descarga gratuita para aquellos amantes de la buena literatura que por desgracia lo pasamos mal económicamente. El libro es maravilloso y se ha convertido en mi lectura favorita deseando que llegue el momento en que me pueda comprar el libro fisico.”



“…Fue un libro regalado , su portada creo que fue el motivo de que mi marido lo comprase un día en Corte ingles este libro para mi.






No conocía a la autora ni tampoco Mallorca Fantástica y ha sido un muy agradable sorpresa he devorado el libro.”




MI MAS SINCERA ENHORABUENA. La fantasía y el mundo que crea es realmente apasionante.




“Trabajo un colegio en Son Ferriol , Sant Antoni Abat , con alumnos ente 16 y 19 años , he recomendado la lectura de algún libro para los alumnos con el objetivo de mejorar sus ortografía y comprensión lectora y creo que vuestros Demonios de Formentera puede ser una magnífica opción para el curso próximo.


He visto en la web que además el festival de Mallorca Fantástica puede ser un complemento muy atractivo para ellos. Os iré informando.”



Gracias a todos los que lo habéis adquirido, ayudando de ese modo a que la 4ª Edición del Festival Mallorca Fantàstica se haga realidad!

Ayudadnos a difundir este maravilloso libro, para que quien pueda lo compre y quien lo desee pero no pueda comprarlo pueda disfrutar de su lectura gratuita!


Biel Pol

MF Editors
Coordinador Apto. Artístico MF 2011


Fragment "Anem a Alaior!". Dimonis de Formentera.


(Dedico aquest fragment a Biel Pol, qui a més del meu germà és el meu millor amic. El personatge Adonis Adiant té molt que agraïr-li, tant en les seves virtuts com en els seus defectes!)

I s’abraçaren tots tres estretament, doncs s’havien de separar, i finalment varen creuar una mirada que semblava que no es podien llevar els ulls de sobre els uns dels altres, i es varen dir més en aquell instant, sense paraules, del que es pogués dir en una hora amb elles, i es tornaren a abraçar, amb tanta força que costava de creure que es poguessin separar llavors.

Quan el seu vaixell els va deixar al Port de Pollença, els sis-cents iniciaren el camí cap a la Tramuntana, per la zona més humida i boscosa de Balearia Prodigiosa. Per no descobrir-se, marxaren pels camins més ocults i dificultosos, i pujaren per Escorca fins als cims més alts, pels passos que Adonis coneixia bé. I va caure mal temps sobre ells, el pitjor que s’havia vist en molts d’anys per la zona. I passat Escorca el terreny era molt tou i hi havia poc camí, i era molt fatigós, quan totes les senderes de cérvols i cabrits s’havien tornat cursos d’aigua, i no hi havia sinó fang sota els peus, i no es podia veure per damunt i al voltant sinó boira blanca i pluja, i fang i aigua sota els cascos dels cavalls. Poca indicació varen tenir d’haver arribat pel cap alt del serral, si no fos perquè els núvols es varen espessir i el vent va estrènyer més al seu voltant. Tots estaven mullats fins als ossos, i duien un poal d’aigua en cada sabata.

Vet ací que, en arribar allà dalt, els esperava una sorpresa. I allí, sota la pluja, una figura emboçada va comparèixer enmig del camí, com un esperit, embolicat en un mantell que volava al vent donant-li l’aspecte d’un diable amb enormes ales obscures. I poc va faltar perquè els homes més avançats l’entravessessin amb les seves llances quan va escometre al senyor, dient amb una veu com una cornamusa amb el bordó de bronze:

—Adonis Adiant! Què feu per ací en una nit tan plàcida? Heu sortit a cercar caragols?

Però Adonis va detenir als seus homes i es va acostar a l’aparició, amb grans rialles, i l’aparició i ell s’embolicaren en una abraçada ben estreta. I resultà que no era altre sinó Falcó d’Alanzell, que havia sortit del castell per patrullar la zona, doncs Làndoc l’alicorn li havia enviat un somni que l’havia guiat fins allí. Adonis va enviar un correu al castell, amb instruccions per a la senyora Jasíone. I Adonis i Falcó es prengueren uns instants per recuperar l’alè, i explicar-se atropelladament les seves aventures.

Mentre estaven detinguts en el serral, ni el senyor Adonis Adiant ni Falcó d’Alanzell no varen descansar gens, i el senyor d’Alaior va donar el seu cavall al seu escuder perquè el sostingués i va recórrer les files personalment, en companyia del duc, i va manar que li busquessin un bon cavall per continuar amb ells cap a la batalla. I resultava que ambdós eren d’un humor i un ànim molt semblant, amén que també els hi agradaven els abillaments luxosos i estimaven tant el combat com la bona vida. I per a cadascun dels homes tenien una broma o una mirada alegre, de manera que veure’ls i escoltar-los era per a les tropes com menjar per als famolencs i beguda per als assedegats.

Però Adonis només va consentir que es detinguessin poc temps; després, varen torçar a la dreta i varen pujar per la cresta, per on el camí era encara pitjor del que havia estat per la vall, amb roques i pous ocults entre els bruguerars, i penyes relliscoses de pedra granítica. I cap cavall que no hagués nascut i s’hagués criat per aquella terra seria capaç de creuar aquell terreny, mullat o sec, sense trencar-se les potes i trencar-li el coll al seu genet; però els qui anaven cap al vessant d’Alaior amb el senyor Adonis Adiant varen cavalcar d’aquesta manera, i l’última part del viatge va ser a través de la nit fosca, i tot el viatge entre les dents del vent, amb pluja que arrossegava el vent com vapor, i de vegades calamarsa.

I, quan va acabar la pluja, el vent canvià a mestral i va assecar els cingles i portava pols i pedra. I varen haver de protegir-se els rostres dels trossos petits de pedra podrida. No hi havia refugi, ni tan sols el costat de les roques protegit del vent, sinó que aquell vent turmentós els copejava i els detenia, i batia les ales entre els penyals com el tro. Estaven cansats i a punt de caure, freds fins als ossos, gairebé encegats els genets i els cavalls, però varen seguir endavant amb enorme constància. I el senyor Adonis Adiant i el duc Falcó tan aviat anaven en l’avantguarda com en la reraguarda, animant els cors dels homes, que miraven els alegres rostres amb els quals sofrien ells les mateixes penalitats que el menor dels seus soldats: com el qui cavalca a plaure de camí a un gran banquet de noces, i Falcó exclamava:

—Au va, xicots, seguiu amb alegria!

I Adonis Adiant contestava:

—Aquests gripaus de les tolles del Torrent Alfurinet s’assabentaran massa tard per a ells de com els nostres cavallets de muntanya les recorren com si fossin cabrits!

Quan va començar a sortir el matí, varen fer l’alt definitiu, i els sis-cents de cavall es quedaren amagats en la foia que hi havia sota els alts precipicis del Morro d’En Llobera. I varen anar molt amb compte, no fos que un porc tafaner de Parellada que alcés la vista des de baix afigurés homes o cavalls contra el cel.

El primer que va fer Adonis va ser apostar als seus sentinelles, i Falcó va fer que es passés llista, i es va assegurar que cada home havia desdejunat i cada cavall havia rebut el seu pinso. Després es varen situar darrere d’una penya, des d’on podien contemplar el terreny que estava per sota. El senyor va cridar a Arpell al seu costat perquè li dugués encàrrecs. Amb les primeres llums, varen mirar al nord sobre la vora de la muntanya i varen veure Alaior i els braços de mar cap a l’est i a l’oest, i al lluny el duc d’Alanzell va assenyalar els fils de fum de les fogueres dels campaments al port de Maó, on la flota dels de Parellada estava fondejada, i a la vista el campament de Tàrrec amb les seves tendes més avançades, com un grup de ruscs, tan pròximes, que semblava que un podia llançar una pedra sobre elles des d’on estaven.

Era la primera vegada que Arpell guerrejava al costat de tan grans senyors com Adonis Adiant i Falcó, i li semblaven molt formosos de veure i aguerrits, recolzats l’un devora l’altre, allí entre els bruguerars, amb les barbetes sobre els braços creuats, amb els elms a un costat perquè no els veiessin relluir des de baix; silenciosos i relaxats els dos com gats, es diria que Adonis estava mig dormit, però contemplava Alaior de reüll, entre els parpres mig aclucats.

El sol, gran i vermell, va saltar dels bancs de núvols de l’orient. Va començar a haver-hi moviment en el campament parelladenc: s’hissaven estendards, els homes es reunien al costat dels mateixos, formaven files, sonaven clarins; després, una dotzena de genets va arribar al campament pel camí del nord.

Adonis, sense moure el cap, va fer senyal amb la mà a Arpell que reunís als seus capitans. Arpell va anar-hi corrent. Adonis Adiant els va donar ordres ràpides, assenyalant cap a on els porcs de Parellada formaven en ordre de batalla: lladres i pirates que varen robar als habitants de Balearia Prodigiosa en la seva pròpia terra; varen baixar dels campaments cap al camí del nord, com Adonis havia previst, amb pendons i estendards i llances nues que relluïen. Després, entre el silenci, va arribar un so capaç de fer pegar un bot al cor: apagat, d’entre les profunditats del bosc, el toc de batalla del clarí del senyor Càrritx.

El senyor Adonis Adiant va esperar un moment, mirant cap avall, fins que va veure a Càrritx i els seus sortint del bosc amb les llances nues, cavalcant com diables sobre els de Parellada. Després es va tornar amb un rostre que relluïa com el matí.

Fragment "La bella senyora Jasíone", Dimonis de Formentera.


Vull dedicar aquest fragment a la meva gran amiga Sandra Llabrés. La dona més valenta, lluitadora, bella i glamurosa de Mallorca. Una autèntica heroína per a mi! El meu estimat personatge, Jasíone, senyora de Formentera, li deu molt al caràcter de la meva amiga! I jo també.

Falcó va acceptar la invitació, i va asseure’s en una cadira de tisora que un servent dels dimonis li va portar, i va beure del got que la senyora Jasíone li va servir. Les mirades de Falcó i la dimoniessa es tornaren a creuar, com llamps en una tempesta, i ella li va dir:

—Què feu, duc d’Alanzell? Esteu imaginant el meu aspecte sense usar el meu poder de glamour?

Les galtes i les orelles de Falcó es posaren vermelles, i ell va contestar:

—Perdoneu-me, senyora meva. Em costa fer-me a la idea de tenir davant meu una dama tan bella. La meva ment és incapaç de fer cap altra feina mentre els meus ulls us contemplen, i no és perquè no tingui imaginació: és que vós supereu en molt allò imaginable.

Tots els dimonis varen esclafir en grans riallades, i la cara de Jasíone es va posar com les roses noves a l’alba.

Llavors va sonar la banya per al segon assalt, i varen passar junts al terreny de lluita. En copejar els címbals, Falcó va saltar sobre Garric com salta el lleopard sobre la seva presa, i amb l’impuls el va dur cap a enrere quasi fora del terreny de lluita. Però, quan gairebé havien caigut entre els dimonis que estaven contemplant el certamen, Garric es va inclinar a l’esquerra i va intentar aixecar a Falcó dels seus peus, com abans; però Falcó va frustrar el seu intent i va carregar sobre ell el seu pes, de manera que a Garric se li hauria pogut trencar l’espinàs sota la força de Falcó, si aquest hagués volgut imprimir violència mortal als seus braços. Garric es va adonar de la mercè que Falcó li havia fet, i li va somriure, però es va aprofitar de la manca de contundència de Falcó i amb la força dels músculs del seu pit va sacsejar al d’Alanzell, primer a la dreta i després a l’esquerra, i Falcó, per haver afluixat la presa, malgrat la seva habilitat i domini tot just es va lliurar d’una mala caiguda. Tampoc va perdre el temps Garric ni es va parar a pensar com temptejaria a Falcó, sinó que, veloç com un llamp, va afluixar la seva presa i es va tornar, i, amb l’esquena sota el ventre de Falcó, va donar una poderosa empenta cap amunt, i els qui ho varen veure quedaren esbalaïts esperant veure a Falcó sortir llançat sobre el cap de Garric. Però, per molt que ho va intentar, Garric no va aconseguir alçar a Falcó en suspens, doncs la presa de Falcó li ho impedia. Dues i tres vegades ho va intentar, i a cada intent semblava més lluny del seu objectiu, i Falcó millorava la seva presa. I, al quart intent que va fer Garric d’alçar al duc d’Alanzell sobre la seva esquena i llançar-lo de cap, aquest el va empènyer cap a davant i el va fer ensopegar des d’enrere, de manera que Garric va quedar de grapes sobre les mans i els genolls. I Falcó es va agarrar a ell per darrere i li va passar els braços al voltant del cos sota les aixelles i després per sobre dels muscles, amb intenció d’unir les dues mans darrere del coll de Garric. Llavors va dir Llàtzer, fent un gest contra els mals averanys:

—Ja està perdut el dimoni. No sé on ha estudiat Falcó aquesta presa, jo l’he vista fer servir al més gran dels guerrers que mai no han trepitjat aquesta beneïda terra: el Rei Berenguer. I amb ella Berenguer va despatxar enemics molt poderosos, entre ells un licantrop. Només manca que creui els dits darrere del coll del dimoni maleït perquè li empenyi cap a davant el cap fins que se li trenquin els ossos del coll o l’estern.

—Molt triga per al meu gust —va dir Jofre—. Mireu per on, potser aquest impresentable pot acabar derrotant tan gran campió com és Garric Bordiol. Qui ho haguera pensat d’aquest figurí que encara duu la llet pels morros.

A Falcó li sortia l’alè en grans bleixos i sospirs mentre mantenia la presa. Tenia al dimoni ben agafat, per matar-lo si hagués estat la seva voluntat, però no per obligar-li a tocar el sòl amb l’espatlla. De grapes sobre les mans i els genolls, Garric no podia escapar de cap manera de la presa de Falcó ni agarrar-lo al seu torn, però tampoc no volia rendir-se.

—Què fareu ara, duc d’Alanzell? —va panteixar el dimoni—. Mateu-me o allibereu-me!

Falcó va amollar una riallada.

—Juguem una estona més! Soltaré la meva presa sobre tu i et deixaré posar-te dempeus, i tornarem a amidar-nos cara a cara. Doncs em sembla indigne renyir pels sòls com els gossos, i tampoc vull malbaratar l’ocasió de seguir lluitant contra un enemic tan meritori.

Així que es varen posar dempeus i varen lluitar altra estona en silenci.

Durant el combat, Adonis Adiant es va acostar a Jasíone, i es va inclinar cap a ella i li va dipositar un bes sobre l’orella i li va dir:

—Jasíone, prudència, estimada meva. No m’agrada gens la teva expressió quan mires a aquest gos humà. Em fas desitjar que Garric Bordiol li trenqui l’espinada.

—Tranquil·litat, Adonis. O és que la senyora de Formentera no és lliure de mirar a qui li doni la reial gana?

Fragmento "La cacería de la Bestia Glatisante". Demonios de Formentera.


(Dedico este pequeño fragmento a Marcos Cabotà, director de cine y coordinador del Apartado Cinematográfico de Mallorca Fantàstica, por el estreno de su "opera prima" AMIGOS. No necesita que le desee buena suerte: ya ha ganado la Biznaga de Plata del Festival de Málaga como Premio del Público! Y sólo será el primero de muchos logros, porque Marcos reúne juventud, talento y espíritu luchador, entre otras muchas cualidades).

Ya con Ronsac, preparados para ir a la cacería de la bestia Glatisante, y habiéndolo informado de todo, ella dijo:

—Mucho me maravilla que el rey haya escogido para esta misión un garrote tan grosero cuando tiene a su disposición tantas buenas espadas. Mira, allí están Cárex y su hermano menor.

Desde la puerta que dominaba la costa empinada que bajaba hasta el torrente, contemplaban a los señores de Parellada, reunidos más allá de la puerta del puente, para cabalgar a la caza de halconería.

Bajaron, y cruzaron el puente hasta llegar al camino, para reunirse con ellos en el claro abierto de la orilla derecha del Torrente Alfurinet. Xirca dijo a Narcís:

—Veo que hoy has traído tus azores, señor.

—Sí, señora —dijo él—. El más rubio es el mío, y este más oscuro es de mi noble hermano Cárex. Están muy feroces y malhumorados, pienso que hoy nos harán sentir orgullosos.

Silene, que estaba al lado, tendió una mano para acariciar el azor más rubio.

—Tu azor —dijo— tiene la fuerza, la majestuosidad y el orgullo de un rey. Y yo, hoy, no me digno mirar a nadie que sea menos que rey —añadió, riendo como una bobalicona.

—Entonces, no puedes mirarme a mí, pues no soy rey —dijo Narcís, inocentemente.

—Sólo por esto, no te miraré —dijo ella, levantando la nariz con petulancia.

Narcís, embobado, rió la gracia. Cárex, a su lado, apartó la mirada, que se cruzó con la de Xirca, y ésta le tomó una mano y le dijo al oído:

—No te avergüences de tu hermano. Es harto extraño que un estratega tan inteligente en la batalla sea tan ingenuo fuera de ella, si no fuese porque es noble y no puede concebir otra forma de ser en quienes lo rodean. Ciertas mujeres vuelven estúpidos a los hombres más brillantes, Cárex. Ya se le pasará.

—Magnífica señora —dijo Cárex confidencialmente a Xirca—, a diferencia de mi hermano, que es apreciado por su cultura y gentileza, yo tengo fama de bruto. Puede que en asuntos de damas algunos murmuren e incluso se mofen a sus espaldas, pero sé que vos me creéis cuando digo que el tiempo acaba poniendo a todos en el lugar que les corresponde.

—No debes alabar a mi azor por separado, querida Silene —decía Narcís en aquel preciso momento—. Pues caza en coordinación con el de mi hermano, y es su colaboración la clave de su éxito. Ninguna pieza puede resistirles cuando actúan juntos.

—Eso dicen, mi señor.

—¿Qué te parece a ti mi azor, oh señora? —dijo Narcís a Xirca.

—Lo ensalzo con cautela —respondió ella—. Es muy hermoso. Pero los azores son buenos para volar hacia los arbustos, señor. Yo prefiero remontarme bien alto. Donde haya un buen halcón, que se aparten todos los azores del mundo.

Su hijastro Holcus, de frente oscura y de mirada feroz, soltó una carcajada a sabiendas de que ella se burlaba y pensaba en Formentera.

Mientras tanto, Tárrec, montado en un gran caballo blanco como la plata, se acercó a la señora Silene y con una expresión muy feroz habló con ella aparte, diciéndole en secreto de forma que sólo ella pudo escucharlo:

—La próxima vez no lo harás así, sino que te tendré donde y cuando yo quiera. Podrás engañar al diablo con tu perfidia, pero no a mí por segunda vez, zorra falsa y embustera.

—Hombre brutal —respondió ella en voz queda—, yo cumplí mi juramento al pie de la letra, y te dejé abierta mi puerta anoche. Si esperabas encontrarme tras ella, esto era más de lo que prometí. Ya conozco tu costumbre de consolarte con cualquiera, y sé que besas en los labios a todas las esclavas jóvenes y a las mozas de la cocina. Conozco tu condición, señor, y tus costumbres.

Él se puso muy rojo.

—Si alguna vez me ha gustado algo de ti, es precisamente tu parecido con todas las mozas bien dispuestas de la cocina. Pero cualquiera de ellas es mejor que tú. Ahora mismo me repugnas.

—¡Vaya! —dijo ella—. ¡Has hablado con mucho ingenio, a fe mía! Como un vulgar mozo de cuadra baleárico, que es lo que eres.

Tárrec espoleó su caballo y lo hizo saltar, separándose bruscamente de ella, y después gritó a Xirca:

—Señora incomparable, te mostraré mi caballo nuevo: las vueltas, los saltos y el porte con que hace el galope gallardo, a la manera menorquina.

Y, trotando hasta ella, hizo que el caballo diera una vuelta sobre un casco, y se alejó al paso, después al trote, y dio unas cuantas vueltas dobles, y luego hizo alzarse de manos al animal varias veces, exhibiendo su dominio sobre el corcel y su gran bizarría, y en verdad que era un placer contemplar a semejante jinete sobre tal caballo, con su figura atlética en equilibrio perfecto, las manos fuertes y morenas sujetando las riendas con firmeza, y aquella atractiva sonrisa que relucía con más fuerza en contraste con las mejillas encendidas y sus insolentes ojos azules. Lucía al caballo y a sí mismo en cabriolas y corvetas, haciendo que el bruto alzara las manos y luego saltara con las patas traseras, o dando saltos seguidos de giros laterales con las patas, atrayendo todas las miradas, hasta que finalmente volvió al galope y quedó parado junto a Xirca.

—Es muy bonito, señor —dijo ella—. Pero quien te lo ha vendido te ha dado gato por liebre, pues no es de raza menorquina.

—Ni yo he dicho que lo fuera, sino que está domado a la manera menorquina.

—Sólo tú, señor, te atreverías a hacer una broma como ésta con un caballo absolutamente blanco. Pues la pura raza menorquina es totalmente negra, y la única en el mundo capaz de ponerse de manos y de saltar a la vez sobre sus patas traseras de forma que le es natural.

—En apariencia, señora, sabéis mucho sobre caballos menorquines.

—El rey hoy lleva un ejemplar, más alto de lo que es habitual, pero finísimo. De todas maneras, te repito que el tuyo es muy bonito, pero no quisiera ser tu caballo.

—¿Cómo así, señora? —exclamó él—. ¿Por qué razón?

—Todos saben, señor, lo mucho que te gusta clavar tus espuelas, y por eso cambias de montura tan a menudo. Está claro que aún no has logrado desfogarte con un animal a la altura de tus gustos y exigencias.

Y, al escuchar esto, la señora Silene rompió a reír.

Entonces llegó el rey Lladern con sus halconeros, y sus monteros, con lebreles y podencos ibicencos, y grandes alanos en una traílla. Cabalgaba en una yegua negra de raza menorquina, con ojos rojos como el fuego, tan alta que un hombre apenas le llegaba a la cruz con la cabeza. Llevaba en la diestra un guante de cuero, sobre el cual iba posada un águila con capucha, aferrándose con las zarpas. Dijo:

—Estamos todos. Vamos a disfrutar de la caza.

Y todos cabalgaron con el rey hacia el este. La señora Silene se acercó a Tárrec, y se inclinó sobre el caballo para hablarle al oído:

—Señor, tú sabes mucho de caza nocturna. Creo que durante el día estás un poco pasmado.

Pero Tárrec, en vez de enfurecerse, hizo como si no la hubiera escuchado, y se volvió hacia la señora Xirca, que a su vez se dirigió hacia Ronsac. Silene rió. Parecía alegre de corazón aquel día, animosa como el pequeño neblí que tenía posado en el puño, y deseosa de hablar con el rey Lladern en cada momento. Pero el rey no le hacía ningún caso, y no le dirigía ni una mirada, ni una palabra, y la joven no se daba cuenta de aquella actitud claramente fría e incluso despreciativa del monarca.

Así cabalgaron durante un trecho, charlando y bromeando, levantando garzas y perdices por el camino; y nadie las cazaba mejor que el halcón de Xirca, tal y como ella había presumido.

Cuando llegaron al terreno más alto, con matojos y bosque bajo, el rey hizo volar a su águila del puño con un silbido. Ella partió como si nunca fuera a volver, pero volvió a él, obediente, al escuchar su grito; después esperaba, planeando en las alturas sobre su cabeza, hasta que los perros hacían salir a un jabalí de la maleza. Caía sobre él tan rauda como una centella, y el rey desmontaba y la ayudaba con su cuchillo de monte; y así una y otra vez, hasta que mataron cuatro jabalíes. Y aquella era la caza más grandiosa. El rey envió la carne al castillo, e hizo muchas fiestas a su águila, dándole a devorar el hígado del último jabalí. Y se la entregó a su halconero, y dijo:

—Cabalguemos ahora hasta las llanuras de Arimany, pues quiero hacer volar a mi águila salvaje, que fue capturada la primavera pasada en las colinas de Crestatx. Me ha costado muchas noches de reposo hacerla velar y acostumbrarla al hombre, y enseñarla a reconocer mi grito y a ser obediente. Ahora la lanzaré sobre la gran bestia Glatisante de Crestatx, que lleva dos años afligiendo a los granjeros de esta zona y llenándolos de muerte y desolación. Veremos una buena caza.

Y el halconero del rey trajo el águila salvaje, y el rey la tomó en el puño. Era un águila de aspecto glorioso, que pesaba más de doscientas onzas, tan oscura que parecía negra, menos en los hombros donde tenía algunas plumas doradas, y en las patas, calzadas hasta las fuertes zarpas con plumas que iban del castaño oscuro al dorado. Sus ligaduras eran de cuero rojo, con aretes de plata en los cuales iba grabada, en pequeño, la Caribdis de Parellada. Su capucha era de cuero rojo con borlas de plata. Primero se revolvió en el puño del rey, chillando y aleteando, pero pronto se tranquilizó.

—¡Válganme los dioses! —exclamó Xirca—. ¡Por un instante esta bestia me ha recordado a Falcó de Alanzell!

Todas las miradas confluyeron sobre ella con espanto, pero el rey sonrió y dijo:

—Señora, sois muy valiente: sois la única que se ha atrevido a decir en voz alta lo que todos pensaban. Ahora debemos ver si esta águila es más fácil de manejar que el halcón de Alanzell, que resultó huidizo y silvestre, y se escapó volando.

Y el rey cabalgó, enviando por delante a sus grandes podencos manchados para que ojearan la bestia Glatisante, una fiera que tenía la cabeza de dragón con grandes colmillos de jabalí, el cuerpo de pantera, la cola de león, y patas de ciervo; y toda su compañía lo seguía.

Encontraron en poco tiempo la extraña bestia, que se volvió con ojos rojos y furiosa contra los alanos del rey, y cayó sobre ellos agarrando con las fauces al primer perro que se arrimó, y lo agitó en el aire y lo desgarró de tal manera que se le salieron las tripas, con tanta violencia que las entrañas ensangrentadas cayeron sobre el rey y los jinetes que estaban cerca de él.

El rey quitó la capucha a su águila y la hizo volar desde su puño. Pero ella, silvestre y brutal, no cayó sobre la bestia Glatisante, sino sobre uno de los podencos, que hostigaba a la bestia y la mantenía a raya. Clavó sus crueles zarpas en el cuello del perro y le sacó los ojos en menos tiempo del que se tardaría en maldecirla dos veces.

Libro y Booktrailer "Demonios de Formentera". Mallorca Fantàstica Editors

“He conseguido un libro hermoso porque tengo suerte: mis modelos literarios son tan buenos que incluso una imitación de todos ellos juntos resulta hermosa. Quizá los admiro demasiado como para tener mi propio estilo, tal vez mi estilo consiste en homenajear lo que admiro, y por eso Demonios de Formentera aglutina los estilos de todos mis modelos, entre ellos Tolkien, Eddison, Lord Dunsany, Isidor Duchase, A. Machen, Terence White, y el gran Homero”.
Joana Pol.




Éste es uno de los booktrailers de Demonios de Formentera, de Joana Pol, con algunas de las ilustraciones de la propia autora que aparecen en el libro. La música de los más visitados es "Exodus", del joven compositor Luke Richards. Éste lleva música de la gran compositora Debbie Wiseman, concretamente una hermosa pieza titulada Great Expectation.

Joana Pol:
Creo que transmite el romanticismo de la historia, que transcurre entre grandes aventuras en las Islas Baleares, muy especialmente en Formentera, Mallorca , Ibiza y Menorca. A diferencia de mis libros anteriores, éste no es precisamente fácil de leer, como no es fácil la lectura de Tolkien, de Machen, Eddison o Ducasse, cuyas influencias están muy claramente reflejadas en Demonios de Formentera, con el que homenajeo a mis autores favoritos. No es un libro de "espada y brujería" para niños. Es una historia sobre las Islas Baleares, sobre el amor, la guerra y la condición humana, con sus virtudes y sus defectos. El uso de la fantasía ha sido una triquiñuela para retratar las preciosas Baleares con idealismo, y es mi forma de hacer ciertas reivindicaciones muy serias, de protestar ante ciertas injusticias sociales, y denunciar nuestra torpeza a la hora de proteger nuestro valioso legado.

A continuación cito la información editorial:



Próximamente, en Palma de Mallorca.



Hora
sábado, 23 de abril · 18:00 - 19:00

Lugar

Creado por

Más información
El próximo Día Internacional del Libro, los amantes de las Islas Baleares y la buena literatura tienen una cita con Joana Pol y su nuevo libro, Demonios de Formentera. Edición bellamente ilustrada con 50 dibujos de la propia autora, 620 páginas, en catalán o en castellano.




Información Editorial:
Joana Pol defiende la dignificación del género fantástico ante un mundo académico que tiende a criticarlo, banalizarlo o ignorarlo. El género fantástico, con auténticas joyas de prestigio internacional y reconocida calidad literaria, no se enseña en las aulas ni figura en los libros de texto. Joana Pol ha reivindicado el género recientemente en la UIB, a través del ciclo de conferencias pionero de la Universidad de las Islas Baleares “'Ficciones Científicas y Fantásticas: reflexiones multidisciplinarias sobre los mundos alternativos'” (7 al 11 de marzo de 2011), diseñado por Magdalena Vázquez y Xavier Fuster, en el que participó con la conferencia “Magia Vs. Tecnología” y en la mesa de debate “Fantasía y Ciencia-Ficción”. Pero en palabras de la propia autora, “la mejor defensa del género es publicar obras de gran calidad literaria”. Y Demonios de Formentera representa la culminación de la lucha de Joana Pol por honrar el género de ficción, con un libro dirigido a un público adulto y exigente, al que sin duda cautivará.
Demonios de Formentera es, ante todo, un canto de amor a las Islas Baleares, una gran historia ambientada en un Mediterráneo de ficción, que nos llevará a recorrer Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera en un viaje épico desbordante de romanticismo y fantasía. Demonios de Formentera bebe de fuentes tan diversas como Tolkien, E. R. Eddison, T.H. White, Isidor Ducasse, Lord Dunsany o el auténtico padre de la literatura fantástica: Homero. Con unos personajes deslumbrantes, un vocabulario espléndido y una escritura esmerada, Joana Pol nos presenta un libro para saborear y disfrutar no sólo unos pocos momentos, sino para siempre.
Edición: Rústica con solapas, 620 páginas, 50 ilustraciones originales de la autora.
ISBN:
castellano 978-84-936345-6-8
catalán 978-84-936345-5-1
Editorial:
MF Editors
Vía de contacto preferida:
Persona de contacto:
Biel Pol
PVP: 25 € IVA incluido.
Gastos de envío gratuitos si se solicita directamente a la editorial.

libro Demonios de Formentera - Joana Pol. Descarga gratis online 


Portada del libro DEMONIOS DE FORMENTERA, de Joana Pol.

Muy pronto en vuestra librería habitual podréis encontrar "Demonios de Formentera"! En castellano o en catalán, y también podéis recibirlo en vuestra casa, libre de gastos de envío, solicitándolo directamente a la editorial en mallorcafantastica@ono.com

El libro consta de 620 páginas y 50 ilustraciones y tendrá un pvp de 25 euros. Espero que os guste!


Texto de Contraportada:
Demonios de Formentera es, ante todo, un canto de amor a las Islas Baleares y una gran historia, una novela de épica heroica desbordante de romanticismo y fantasía, que bebe de fuentes tan diversas como Tolkien, Eddison, T.H. White, I. Ducasse, Lord Dunsany o el auténtico padre de la literatura fantástica: Homero. Con unos personajes deslumbrantes, un vocabulario espléndido, y una escritura esmerada, Joana Pol nos presenta un libro para saborear y disfrutar no sólo unos pocos momentos, sino para siempre.
Argumento: La acción se desarrolla en un Mediterráneo de ficción, en un mundo que ha renunciado a la tecnología en favor de la magia, al que se accede por diferentes Puertas custodiadas por los demonios y ubicadas en lugares secretos de las Islas Baleares. Falcó y Jasíone vivirán un apasionado romance y deberán luchar por su amor imposible, afrontando grandes prejuicios y dificultades en una tierra que se halla perpetuamente en guerra contra la Isla Mágica de Parellada. Les esperan terribles sufrimientos y colosales aventuras en un mundo lleno de belleza y prodigios. Las hermosas islas de Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera, sus villas y ciudades, puertos, monumentos, cuevas, lugares emblemáticos y bellos parajes, serán el escenario de esta épica historia de amor.